Veía mis sueños
en un mal televisor,
sentía en mi frente
grandes gotas de sudor.
¡Qué raro verano!,
trabajo de sol a sol,
sin las vacaciones
que necesito yo.
No podía ni sentarme
en mi jornada interminable,
cuando un ángel me cantó:
“Abrázate a mi corazón,
que yo seré tu protección”,
y se llevó todo el dolor,
el ángel de mi salvación.
Había cantado
sin conocer mi voz
en veinte escenarios,
no me escuchaba ni yo.
No puedo olvidarlo,
mi fobia al micrófono,
gastaré mis manos
para salvar mi voz.
No podía ni sentarme
en mi jornada interminable,
cuando un ángel me cantó:
“Abrázate a mi corazón,
que yo seré tu protección”,
y se llevó todo el dolor,
el ángel de mi salvación.
“Abrázate a mi corazón,
que yo seré tu protección”,
y se llevó todo el dolor,
el ángel de mi salvación.
© Sonia Atenea
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