Maldigo mi inocencia,
maldigo mi impaciencia.
Maldigo lo que quema,
y la huella que deja.
Yo falté, falté, falté,
falté a lo que
no se debe romper, falté:
heme aquí de rodillas,
pidiendo a Dios perdón.
Él me hirió profundamente pero no,
él no era mío, y yo sé que
eso no estuvo bien:
heme aquí de rodillas,
pidiendo a Dios perdón.
Maldigo mi incoherencia,
maldigo mi inconsciencia.
Maldigo lo que acecha,
y con maldad se cuela.
Yo falté, falté, falté,
falté a lo que
no se debe romper, falté:
heme aquí de rodillas,
pidiendo a Dios perdón.
Él me hirió profundamente pero no,
él no era mío, y yo sé que
eso no estuvo bien:
heme aquí de rodillas,
pidiendo a Dios perdón.
© Sonia Atenea
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