Tal vez equivocándote
tendrás que aprender,
como un día lo hice yo,
como un día lo hice yo.
Tal vez aproximándote
y alejándote después,
sentirás la fuerza del acierto
y el perdón del error.
Equivocándote,
aprenderás a vivir.
Esforzándote
podrás sentir cosas sublimes,
que se te escapan
en el día a día,
en la rutina...
Y así podrás comprender
el sentido de la vida,
el sentido de tu vida...
el latir de la esperanza
y mirar hacia adelante.
Hay tanto por hacer,
y lo sabes bien.
Tienes que luchar
con la corriente,
nunca contra la corriente.
Nada con la fuerza vital,
llega donde debes llegar.
Sólo así podrás
sonreír siempre,
SONREÍR.
© Sonia Atenea
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