Después de una vida
de romanticismo suicida,
todo eso termina
y empiezo a encontrarme a mí misma.
Parece mentira,
se pierde lo que no se cuida.
Es tan evidente,
se muere lo que no respira.
No voy a cantar cien canciones
que me hagan llorar,
bombardeando imparables
mi seguridad.
Sé que me equivoqué,
sé que me abandoné:
dejé de hacer todas las cosas que
me hacían sentirme bien.
Pasaron los días
recorriendo mi anatomía,
¿y quién lo diría?,
puedo ser feliz siendo mía.
Ya no siento ira,
tu ausencia no me desafía...
menos tu presencia,
soy dueña de todos mis días.
No voy a cantar cien canciones
que me hagan llorar,
bombardeando imparables
mi seguridad.
Sé que me equivoqué,
sé que me abandoné:
dejé de hacer todas las cosas que
me hacían sentirme bien.
Sé que me equivoqué,
sé que me abandoné:
dejé de hacer todas las cosas que
me hacían sentirme bien.
© Sonia Atenea
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