Lo nuestro se acabó,
lo nuestro terminó,
¿quién lo fuera a imaginar
después de haberte amado tanto?
Ya no corren los mismos
duendes por mis venas,
ni se me escapa el alma
cuando tú me besas:
grito en silencio...
Y no tengo derecho
ni siquiera a un lamento,
ni siquiera a decirte
cuánto lo siento.
No sé cómo decirte
dónde estuvo el error
ni si lo hubo.
No sé cómo evitarte
el dolor que yo he sentido
estos días.
Rompe tus cadenas
echa a volar,
porque aquí no está
la felicidad...
No, no, ¡no!
Y no tengo derecho
ni siquiera a un lamento,
ni siquiera a decirte
cuánto lo siento.
Lo nuestro se acabó.
© Sonia Atenea
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