Si pudieras ver tu mirada,
cada amanecer como cambia.
Y después de las caricias
derramadas en el suelo,
y después de las palabras
que le has dicho sin sentir:
No me hagas vivir creyendo
que quieres estar junto a ella,
si sabes que estás mintiendo.
No me dejas verte a los ojos,
por si puedo adivinar,
quién se esconde tras la retina:
¡no lo evites más!.
No me hagas vivir creyendo
que quieres estar junto a ella,
si sabes que estás mintiendo...
si no puedes verla en tus ojos.
No quieras vivir pensando
que no existe otra alternativa,
si a un metro está la salida:
alguien te espera,
al otro lado de esa puerta,
tal vez sea yo...
© Sonia Atenea
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