Guardé mi primer beso
hasta los dieciséis,
esperé más de un año
para que fuera él.
Al ver que no sabía
lo decepcioné,
y a la tarde siguiente
con otra se fue.
Se fue, se fue...
Veía cada día
las chicas que elegía,
y no tenían nada
que pudiera envidiar.
Y llena de complejos
y llena de lamentos,
me empecé a marchitar,
perdí mi identidad.
Varios años más tarde
por alguien me enteré:
para él yo era una loca
y entonces lo olvidé.
Veía cada día
las chicas que elegía,
y no tenían nada
que pudiera envidiar.
Y llena de complejos
y llena de lamentos,
me empecé a marchitar,
perdí mi identidad.
Veía cada día
las chicas que elegía,
y llena de lamentos
me empecé a marchitar...
© Sonia Atenea
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